Carta abierta a la Primera Cámara Criminal del Tribunal de Justicia del Estado de Río de Janeiro

Joven, negro y pobre, nascido en una de las centenas de villas miseria de la ciudad de Río de Janeiro. Joven, negro y pobre, que se pasa noches sin dormir por el hambre y la miseria, él y su familia. Joven, negro y pobre, invisible para la sociedad y el poder público. Joven, negro y pobre, que tiene en el subempleo su única oportunidad de supervivencia, o ni siquiera. Esta podría ser la descripción de millones de jóvenes negros brasileros, que pasan anónimamente delante de nuestros ojos.

Pero, de esta vez, ese joven tiene nombre: Rafael Braga Vieira.

Hijo de Adriana de Oliveira Braga, Rafael es el más grande de los seis hermanos. Nació el 31 de enero del 1988 en Vila Cruzeiro, barrio periférico de Río de Janeiro. Al año de edad, se fue con su madre a vivir en la ciudad de Aracaju, nordeste de Brasil. Allí vivieron, con la madre y los hermanos, por veinte años. Rafael empezó a trabajar a los ocho años, para ayudar a su familia, lustrando zapatos en la calle. La situación era muy dura, de hambre y miseria. La condición de vulnerabilidad en que vivían hizo que, finalmente, Rafael y la familia volvieran a Vila Cruzeiro, en Río de Janeiro. Desde entonces, a ejemplo de su abuela, empezó a trabajar en las calles del centro de la ciudad, recogiendo materiales reciclables en la basura, para ayudar a mantener la familia.

Rafael Braga era el principal mantenedor de su familia. Él se quedaba durante la semana en las calles del centro, recogiendo materiales reciclables, y volvía solamente los fines de semana a casa, en Vila Cruzeiro. Era cuándo finalmente podía estar con su madre Adriana y con sus hermanas y hermanos.

Aunque reconocido internacionalmente como un país que acoge a todos los pueblos, y que tiene como un rasgo destacado a su hospitalidad como nación, el Estado Democrático de Derecho Brasilero jamás acogió o estuvo presente en la vida de Rafael Braga. En ningún momento se le ha dada a Rafael la posibilidad de ser un ciudadano de derechos: la oportunidad de aprender en buenas escuelas, de ser atendido en buenos hospitales, de tener acceso a actividades culturales y de entretenimiento. Rafael Braga, a lo largo de su vida, ha sido invisible para el poder público.

Pero en el 20 de Junio del 2013 la vida anónima de Rafael se cruzó con la figura del Estado Democrático de Derecho. Mientras millones de personas gritaban en las calles en contra del aumento en la tarifa de los ómnibus, en contra de las innumerables formas de injusticia del país, irónicamente otra injusticia ocurría muy cerca de allí, en las calles del barrio Lapa. El primer encuentro entre Rafael y el Estado Democrático de Derecho le rindió 5 años y 4 meses de detención al primero, acusado de participar de la manifestación popular portando artefacto explosivo.

Ha de resaltarse el hecho de que Rafael ni siquiera sabía quién era el gobernador del Estado de Río de Janeiro en la época. La pauta de Rafael nunca ha sido el aumento de la tarifa del ómnibus; la pauta de Rafael ha sido, desde siempre, por supervivencia y dignidad.

Rafael Braga ha sido preso y condenado por portar una botella de plástico con lavandina y otra con desinfectante. El laudo de la escuadra antibomba de la Coordinación de Recursos Especiales (CORE) de la policía, sin embargo, concluía lo obvio: los materiales aprehendidos tenían “mínima aptitud para funcionar como cóctel molotov”.

Rafael Braga no ofreció resistencia a la prisión, y cuándo pudo salir, a principio solamente para trabajar y luego en prisión domiciliar, trabajó como empleado en la oficina de abogados de João Tancredo. Esto demuestra claramente que Rafael no ofrece cualquier tipo de riesgo a la sociedad. Muy al contrario, anhela poder hacer parte de la misma, como ciudadano brasilero de derechos y deberes. Anhela estar al lado de dueña Adriana, su madre, de sus hermanas y hermanos; poder trabajar y ayudar a su familia, como siempre hizo.

Hoy, encarcelado, Rafael Braga sufre con las pésimas condiciones de salubridad de las cárceles de Brasil. Ha adelgazado, tiene tres dientes infectados que necesitan tratamiento urgente, además de la vulnerabilidad de su estado psicológico en virtud de los muchos y constantes maltratos a que se les hace sufrir a los detenidos del sistema carcelario de Brasil. También, el encarcelamiento de Rafael resultó en una desestructuración material y emocional de toda su familia. La madre, que sufre en ver a su hijo inocente encarcelado, y sus hermanos y hermanas, quienes han perdido su principal referencial en la casa.

En el 12 de Enero del 2016, cerca de dos meses después haber salido de la cárcel en régimen abierto, monitoreado por una pulsera electrónica en el tobillo, Rafael se encontró por segunda vez con el Estado Democrático de Derecho. En esa vuelta, fue acusado de tráfico de drogas e asociación para el tráfico por estar, supuestamente, portando 0,6 g de marihuana, 9,3 g de cocaína, y un petardo. Rafael fue nuevamente encarcelado y, un año u medio después, condenado a absurdos 11 años y 3 meses de prisión, además de una multa impagable para alguien en sus condiciones.

Es fundamental que el Poder Judiciario garantice a Rafael su amplio derecho a defensa, y que una condena a 11 años de cárcel sea exhaustivamente debatida por todos. ¿Cuál es el tamaño de la injusticia en la condena de un joven inocente? Es necesario que se tenga en cuenta el testigo ocular de defensa, así como que estén disponibles las imágenes de la camera de la UPP y del vehículo de la PMERJ, elementos esos que pueden ayudar en la integridad de la investigación y que impedirían una sentencia final basada solamente en testimonios contradictorios, autorizados por la “Súmula 70”, que dice ser la palabra de la policía suficiente para condenar a una persona.

Desde su primera prisión y condenación, voces de diferentes lugares del mundo se han sumado para denunciar las contradicciones que permean la condena de Rafael Braga a 11 años de encarcelamiento.

En el 1er de Agosto del 2017 fue juzgado un pedido de libertad provisoria para Rafael Braga, pedido a ser juzgado y definido por la mayoría de tres votos. Dos de los jueces han votado por la permanencia de Rafael en la cárcel, y el tercero pidió para ver el proceso antes de pronunciar su voto. Nosotros, quienes componemos la Campaña por la Libertad de Rafael Braga, entendemos que el pedido de revisión y consecuente prórroga de ese juicio es un indicativo de la necesidad de profundizarse en los debates y análisis del caso. Entendemos así mismo que, en este momento, el Poder Judiciario, principal responsable de la Justicia en Brasil, tiene la oportunidad de demostrar para la sociedad brasilera que la decisión de libertar Rafael, además de darle a él la oportunidad de responder al juicio en libertad, es una demostración de que el Poder Judiciario actúa en pro de la dignidad humana, más allá del análisis frío de los autos.

Esperamos que los magistrados de esa corte de la 1ra Cámara del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro tengan la serenidad y sabiduría para que se haga justicia en el caso de Rafael Braga, ayudando a traer luz a una sociedad muy necesitada de valores. La Campaña por la Libertad de Rafael Braga está segura de que una decisión de esa corte en favor de la libertad de Rafael Braga será de gran valor y enorme importancia para la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

CAMPAÑA POR LA LIBERTAD DE RAFAEL BRAGA

[si usted ha encontrado errores en esta traducción y quiere contribuir para mejorarla, por favor envíe un email a libertemrafaelbraga@gmail.com con sus correcciones sugeridas. ¡Le agradecemos!]

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